El cau

Hoy quiero compartir con vosotros un espacio acogedor y estimulante en el que las familias con niños pequeños pueden jugar libremente, sentir, descubrir, experimentar, aprender, imaginar, crear, expresarse, relacionarse y, sobretodo, divertirse.

Se trata de El cau, un espacio de juego libre que invita a saltar, subir, bajar, arrastrarse o transformarlo con la imaginación. Ofrecen materiales que generan juego espontáneo y natural, dejan que los niños jueguen libremente y, si lo necesitan, un adulto les acompaña y les propone maneras de jugar.

Como pedagoga me gustaría destacar que el juego libre es la mejor extraescolar que puede haber, la más educativa y la que mejor prepara para la vida adulta. Para la infancia es tan importante como comer o respirar; enseña, mejora la autoestima, es creativo, transmite valores, socializa, fomenta el autocontrol, fija los aprendizajes, favorece la comunicación, da agilidad y habilidades. Jugar es aprender y jugando se aprende todo. No necesitan un montón de juguetes, sino objetos que despierten interés y ganas de jugar, porque el objetivo del niño no es el juguete en sí, sino el juego, y que se relacionen entre iguales para que sobreviva el espíritu infantil de siempre.

Cuando yo era pequeña salía de la escuela, merendaba y jugaba en la calle con amigos y vecinos hasta la hora de hacer los deberes y cenar. Hoy en día, la mayoría de niños salen del cole y meriendan corriendo mientras se cambian de ropa o de mochila para ir a hacer deporte o la extraescolar que hagan. Por favor, ya tendrán tiempo de vivir estresados, que la infancia solo se vive una vez y no hay necesidad de vivir como adultos en cuerpos pequeños, empachados de información y actividad, con dificultades para concentrarse, incapaces de disfrutar el momento y preocupados por la próxima novedad… No es bueno que los niños crezcan absolutamente planificados y dirigidos por adultos continuamente; sin querer (o no), les estamos privando de aburrimiento, de capacidad de decisión, de creatividad, de inventar o descubrir, de autorregularse o resolver sus problemas por ellos mismos.

Gracias al juego libre los niños aprenden de forma natural a superar la frustración sin agresividad, a dilatar la gratificación, a relacionarse sin que los demás les complazcan siempre sus caprichos… Ojalá todos diéramos más importancia a la infancia, una etapa corta pero decisiva para una sana evolución hacia la edad adulta.

Solo puedo estar agradecida porque existan iniciativas como El cau, espacios acogedores donde padres e hijos, abuelos y nietos pueden disfrutar y volver a ser niños a través del juego.

¡Feliz fin de semana!

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